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viernes, 23 de diciembre de 2011

16º Seminario Vox Aurea 2010 con Javier Corcuera

El seminario 2010 ha sido el más especial de todos por muchas razones. Se trataba de estar a la altura del programa de la Residencia de Estudiantes en su centenario. Por ello, el Coro Vox Aurea tiró la casa por la ventana y encargó varias obras de estreno a importantes compositores. Javier Corcuera, nuestro director de entonces coordinó todo y aportó parte del repertorio. No es frecuente reunir a tanto maestro de primera fila. Cada uno de los compositores preparó con el coro sus propias piezas compuestas para la ocasión y luego las dirigió en el concierto final, excepto Bsto que no pudo quedarse. El maestro Dante Andreo no vino por estar en otro compromiso fuera de España, pero sus obras fueron dirigidas con el buen saber hacer de siempre por Javier Corcuera.


Los maestros Balistreri, Elberdin,
Corcuera, Sarasola y Busto



Corcuera  preparó y dirigió obras de autores relacionados con la Residencia de Estudiantes: Poulenc, Ravel, Remacha o Bacarisse. Tampoco faltaron piezas con letra de García Lorca.



PROGRAMA:

1.     Dante Andreo ESTRENO (“Agua sólo es el mar”, de José Bergamín)
2.     Javier Busto ESTRENO (“A un olmo seco”, de Antonio Machado)
3.     Albert Alcaraz (fragmento de “La voz a ti debida”, de Pedro Salinas)
4.     Josu Elberdin ESTRENO (“Castilla tiene castillos”, de Rafael Alberti)
5.     Josu Elberdin ESTRENO (“Anoche cuando dormía”, de Antonio Machado),
6.     Roberto Balistreri ESTRENO (“Mientras tú existas”, de Ángel González) y
7.     Xavier Sarasola ESTRENO (“En el fondo del hombre”, de Miguel Hernández).
8.     Rodolfo Halffter (“Para la sepultura de Dulcinea”, de Tres epitafios),
9.     Fernando Remacha (“Leihorik leiho” de Siete canciones vascas)
10. Fernando Remacha (“Horra hor goiko”, de Siete canciones vascas)
11. Salvador Bacarisse (“Ojos claros, serenos”, de Gutierre de Cetina)
12. Francisco Guerrero (“Ojos claros, serenos”, de Gutierre de Cetina)
13. Maurice Ravel (“Nicolette”, con texto del propio Ravel)
14. Francis Poulenc (“Le jour m'etonne et la nuit me fait peur”, de Paul Éluard)
15. Manuel Oltra   (“Canción del jinete” de Federico García Lorca)
16. Einojuhani Rautavaara  (“Canción del jinete” de Federico García Lorca)

Notas al programa:
La Residencia de Estudiantes, en su primer centenario, ofrece en el recital de hoy, un homenaje a aquellos músicos y poetas de aquella generación de españoles que pudo y quiso hacer tanto por su país y que la guerra mató, exiló, encerró en una cárcel u ocultó, como veremos, en una ferretería. Todo el repertorio que hoy el coro Vox Aurea ofrece a la consideración de ustedes gira en torno a estos poetas y músicos  fundamentales de aquella generación del 27, que vuelven hoy a la Residencia que tanto amaron.
Los más importantes compositores actuales de música coral de España y Argentina han colaborado generosamente componiendo obras que se van a estrenar aquí. Poemas de Bergamín, Machado, Lorca, Alberti, Ángel González o Miguel Hernández, del que celebramos centenario también, sonarán envueltos en melodías y armonías contemporáneas. Otros personajes como Ravel o Poulenc, que por aquí pasaron y que fueron amigos de Falla y otros compositores de la órbita de la Residencia nos darán otras sonoridades y, junto a la música de Rautavaara, le darán el necesario tono de cosmopolitismo del que siempre quiso hacer gala esta institución ya centenaria.
Este año es Javier Corcuera el encargado de seleccionar y preparar el repertorio con el coro Vox Aurea y resto de cantores y, claro, de dirigirlo hoy ante ustedes. El coro organizador del cursillo origen de este concierto recurre a su propio director para esta ocasión tan especial. Su preparación, su sensibilidad y su buen hacer ya demostrados son la garantía de que este concierto sea un evento digno para esta celebración y este lugar.
Como estamos de conmemoraciones y aniversarios, sirva este recital para recordar la labor tan meritoria que llevaron a cabo maestros como D. Antonio J. Onieva que formó un orfeón con casi cien residentes, como D. Eduardo Torner Martínez y su coral de Misiones Pedagógicas que solía actuar junto al grupo de teatro de residentes y, claro esta, a D. Rafael Benedito, tan vinculado a la Residencia y que formó la Masa Coral de Madrid. Nuestros respetos y admiración a todos ellos.

OJOS CLAROS SERENOS, poema de Gutierre de Cetina (Sevilla, 1510 - México 1557). Versiones de Francisco Guerrero (Sevilla, 1528 – Id., 1599) y de Salvador Bacarisse (Madrid, 1898 - París, 1963).

      Ojos claros, serenos,
si de un dulçe mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si quanto más piadosos,
más bellos pareçéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos raviosos!
Ojos claros, serenos,
ya que ansí me miráis, miradme al menos.

Comienza el concierto con este madrigal que Menéndez Pelayo incluye entre las cien mejores poesías de la literatura española. Gutierre de Cetina fue un inquieto hombre del Renacimiento. Como soldado guerreó por toda Europa y norte de África (como dice uno de sus poemas: Entre armas, guerra, fuego, ira y furores...), vivió en Méjico y murió a manos de un amante celoso. Su producción poética gira casi exclusivamente en torno a los temas amorosos y utiliza el recurso de los ojos con mucha frecuencia, recordemos aquel hermosísimo:

Bien se yo que sois graciosos;
mas, ojos, para entenderos,
decidme, ¿cómo sois fieros?;
si fieros ¿cómo hermosos?

 Sus influencias son Petrarca, Ausias March y Garcilaso de la Vega. Su obra es toda de muy buena calidad, pero es este poema el que le sitúa en lugar preeminente del parnaso español. Ha sido musicado en varias ocasiones. Ofrecemos dos de ellas:
Una es la ya clásica del maestro Francisco Guerrero. Este sevillano fue un genio de cierta precocidad y estuvo casi toda su vida profesional vinculado a la catedral de Sevilla. Allí fue niño cantor y maestro de capilla durante cuarenta y cuatro años. Se dice que fue alumno de Cristóbal de Morales y que estuvo ligado también al maestro Victoria. Al contrario que ellos tuvo una relación con Italia más limitada y se dedicó más a la música profana, de la que este madrigal de hoy, que forma parte del Cancionero de Medinaceli, es una magnífica muestra.  Guerrero gozó de un prestigio inmenso. Sus obras se interpretaban en las catedrales españolas y asiduamente en las de Lima, Guatemala y Méjico. Incluso llegaban a la catedral de Goa. Sus motetes, magnificats, salmos, misas, canciones, etc. suponen un tesoro inconmensurable para todo coro.
Salvador Bacarisse se fija en este poema para componer su propia versión. Este músico pertenece al legendario grupo de los Ocho. Probablemente es, en parte, responsable de la deriva hacia la música impresionista de origen francés que se da en estos compositores porque su padre, que por motivos profesionales viajaba mucho por Bélgica y Francia, suministraba al grupo gran cantidad de partituras de todo lo nuevo que aparecía por la capital del Sena.
Bacarisse se exilia en Francia tras la guerra y allí compone durante la ocupación alemana y en los años siguientes. De esa época es esta pieza. Recordemos que, también en aquel exilio parisino, compuso Rodrigo su Concierto de Aranjuez en un modesto piso de la Rue de Saint Jacques.

Para la sepultura de Dulcinea,  Texto de Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547 – Madrid, 1616) con música de Rodolfo Halffter (Madrid, 1900 – Ciudad de México, 1987),  e incluida en sus Tres epitafios, obra para coro mixto de 1947 – 1953.

Reposa aquí Dulcinea,
y, aunque de carnes rolliza,
la volvió en polvo y ceniza
la muerte espantable y fea.

Fue de castiza ralea
y tuvo asomos de dama;
del gran Quijote fue llama
y fue gloria de su aldea.

Este epitafio es muy conocido por aparecer al final de la primera parte del Quijote atribuido al Tiquitoc, académico de la Argamasilla en un alarde de ingenio humorístico. Otros académicos imaginarios, el Cachidiablo y el Burlador, se encargan de los epitafios de Don Quijote y de Sancho Panza. Todo esto, asegura Cervantes, aparece escrito en letra gótica en unos pergaminos guardados en una caja de plomo aparecida en las ruinas de una iglesia.
Los hermanos Rodolfo y Ernesto Halffter son miembros de la generación, motivo del homenaje de hoy. Rodolfo es conocido  a veces como el Halffter mejicano por su exilio en ese país después de la guerra y Ernesto como el portugués, por la profunda relación que tuvo con el vecino luso. Estos epitafios de Rodolfo constituyen la obra coral más conocida de toda esta generación y ha sido frecuentada por multitud de coros en estas últimas décadas. Halffter usa el típico compás de amalgama 6/8-3/4 propio de la Petenera flamenca, y usado en la canción América, la más latina de las que forman West Side Story de Leonard Bernstein, americano de origen hebreo como se sospecha que lo es la misma petenera y la propia prosapia cervantina.

Leihorik leiho y Horra hor goiko, pertenecientes a las Siete canciones vascas. Armonización de Fernando Remacha (Tudela, 1898 -  Pamplona, 1984).

Leihorik leiho ipar airea,
txistuka dabil,
argiak naiz hil,
Horra hor Mikel lagunarteko leihoan dago.
Poz ta pozago.
Sardadiela barrenaldera
Zer ari haiz hor? Isil eta gor?
De ventana a ventana sopla viento del norte,
silba y silba
me he muerto de luz.
Ahí está Mikel en la ventana de los amigos.
Más contento que contento.
Que entre hacia adentro
¿Qué haces ahí? ¿Callado y sordo?
Trad. Araiz Zubimendi Alberdi
Horra hor goiko ariztitxu baten  
kukuak umeak egin dozak aurten,
kukuak egin amilotxak jan.
Hauxe bere kukuaren zori txarra zen
Ahí en un robledalcito de arriba
el cuco ha tenido crías,
el cuco las hace, el herrerillo se las come.
Esa era la desgracia del cuco.
Trad. Araiz Zubimendi Alberdi

Ambas piezas pertenecen a las Siete canciones vascas que Remacha armoniza en 1958, año importante en su carrera como vamos a ver.
Remacha está en la nómina del Grupo de los Ocho desde el primer momento. Sin embargo, mientras que los compositores compañeros de aquella generación se exilan en el extranjero, Fernando Remacha opta por el exilio interior.
Vivió intensamente sus años juveniles en Roma y en Madrid y fue gran amigo de Bacarisse. Como el resto de los Ocho, se forma con Conrado del Campo, y como todos ellos rechaza la tendencia melogermanófila del maestro común y se deja atraer por los aires antirrománticos y debussianos que llegan de París. Colabora con otro gran residente, Luis Buñuel, en la música de varias películas de su productora Filmófono. Un ejemplo es La hija de Juan Simón. Durante la República y la guerra sigue componiendo y ganando premios nacionales de música. Acabada la contienda regresa a su Tudela natal y allí se esconde en la trastienda de la ferretería familiar que todavía existe en la calle Gaztambide, a escasos nueve portales de la Plaza de los Fueros. Se dedica al comercio y a componer robando horas al sueño. Esta pesadilla acaba en 1957 cuando el peligro pasa y sus méritos son reconocidos. Se le nombra entonces director del recién fundado Conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona, hoy Conservatorio Superior de Música de Navarra que continua en la misma sede de la calle Aoiz.
Tras la guerra, Remacha lleva a cabo una extensa labor armonizadora de poesía y música popular para coro, así las Cinco canciones castellanas, Belatzu, Basa txoritxu, Itxasoan, El cant dels ocells, Déjame subir al carro, varios villancicos y poemas de Blas de Laserna.

CANCIÓN DEL JINETE: Poema de Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Víznar, 1936), versiones de Manuel Oltra (Valencia, 1922) y Einojuhani Rautavaara  (Helsinki, 1928).

Córdoba. Lejana y sola.
Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.
Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.
¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
Córdoba. Lejana y sola.

Este poema tan conocido, tiene un fondo oscuro que remite al tema tan lorquiano de la muerte. La parca que acecha, la jaca negra y la noche envuelven al lector recordándole su carácter singular de inevitable y terrible. Estremece el tono premonitorio. Su hermano Francisco García Lorca nos explica: “Para Federico el morir es el no llegar, porque la muerte nos sorprende siempre en medio de la jornada, y toda muerte es, en cierto modo, asesinato”.
Hay una discusión interesante sobre el origen del poema. José Ángel Valente cree que Lorca se inspiró en un escritor irlandés muy valorado por Juan Ramón Jiménez. Nos referimos al Barón de Dunsany (Londres, 1878 – Dublin, 1957) muy conocido como escritor de cuentos fantásticos de regusto céltico – artúrico. Un cuento de Dunsany llamado Carcasona aparece en el volumen Cuentos de un soñador publicado por la Revista de Occidente en 1924 y que bien pudo llegar a la biblioteca de la Residencia. Córdoba por Carcasona, la muerte acecha desde las torres de la Porte Narbonnaise y desde la Torre de la Malmuerta. “...nunca llegareis a Carcasona” predice el adivino a los guerreros de Camorak, pero el temerario rey decide luchar contra el hado. Hacia Carcasona que se nos van y, claro, no llegan. La Canción del Jinete pertenece al libro Canciones de ese citado 1924.
Manuel Oltra es un personaje muy relevante en el mundo musical barcelonés. Alumno de Toldrá y Zamacois, compone música orquestal y coral mostrando un interés grande por el folclore catalán y por su instrumento más representativo, que es la cobla. Tiene esta conocida versión de este poema que es una muestra de su interés por la obra de Lorca, aunque también se ha dedicado a otros, Alberti, sin ir más lejos.
Einojuhani Rautavaara  es un gran sinfonista al que se tiene en Finlandia como sucesor de Sibelius. Su obra ha pasado por varias etapas: comenzando por un serialismo inspirado en Ligeti ha ido remansándose hacia aguas más eclécticas. Su obra coral es impresionante y su Suite de Lorca de 1973 es, probablemente, lo más conocido. Aporta una visión radicalmente diferente del mismo texto. Ambas versiones sonaron ya en la Residencia en mayo de 1998 a cargo del coro de RTVE en un concierto homenaje a Lorca en su centenario.

NicoletTe, perteneciente a Trois Chansons. Letra y música de Joseph Maurice Ravel (Ciboure,1875 – París, 1937)

Nicolette

Nicolette, à la vesprée,
S'allait promener au pré,
Cueillir la pâquerette, la jonquille et la muguet,
Toute sautillante, toute guillerette,
Lorgnant ci, là de tous les côtés,
Rencontra vieux loup grognant,
Tout hérissé, l'oeil brillant;
Hé là! ma Nicolette, viens tu pas chez Mère Grand?
A perte d'haleine, s'enfuit Nicolette,
Laissant là cornette et socques blancs.

Rencontra page joli,
Chausses bleues et pourpoint gris,
"Hé là! ma Nicolette, veux tu pas d'un doux ami?
Sage, s'en retourna, très lentement, le coeur bien marri.

Rencontra seigneur chenu,
Tors, laid, puant et ventru
"Hé là! ma Nicolette veux tu pas tous ces écus?
Vite fut en ses bras, bonne Nicolette
Jamais au pré n'est plus revenue.
Colasina

Colasina, a la anochecida,
Íbase al prado a pasear,
A coger mayas, junquillos o muguete,
Saltarina, vivaracha,
Mirando aquí, allá, a todos lados,
Encontrose al viejo lobo gruñendo,
Todo erizado, con el ojo brillante;
Colasina, ¿no vendrás de casa de la abuelita?
Sin aliento huye Colasina,
Dejando allí toca y madreñas blancas.

Encontróse a un lindo paje,
Calzas azules y jubón gris,
Colasina, ¿no quieres un  dulce amigo?
Siendo honesta, volviose, muy despacio, mohína.

Encontrose a un señor cano,
Retorcido, feo, hediondo y ventrudo.
Colasina, ¿acaso no quieres todos estos escudos?
Pronto en sus brazos estuvo la buena de Colasina,
Nunca más al prado  tornó.
Trad. Alicia Criado Peña

En 1928, el año en que Fleming descubre la penicilina, deja de residir permanentemente García Lorca en la Colina de los Chopos. Por aquí pasan Andrés Segovia y Manuel de Falla, maestro del Grupo de los Ocho. El 28 de noviembre de ese año Maurice Ravel ofrece un memorable concierto en la Residencia. Acompaña entonces al piano a Madeleine Grey en esta Nicolette, que vuelve a sonar hoy en esta sala, ahora en la versión coral.   Registramos también que ese año Ravel recibe el doctorado Honoris Causa en Oxford, conoce a Gershwin en América y asombra a la audiencia con la originalidad de su Bolero.
En Nicolette, Ravel nos da su revisión, en letra y música no exentas de ironía, del cuento de Caperucita Roja en un tema con variaciones desarrolladas a lo largo de cuatro estrofas. Fue compuesta en febrero de 1915 mientras esperaba su inminente alistamiento para incorporarse al esfuerzo bélico contra Alemania. Curioso tema para esos momentos. ¿Que cómo le fue?, No muy gloriosamente para ser conductor de un camión militar. Cayó enfermo de disentería durante la batalla de Verdun.

Le jour m'etonne et la nuit me fait peur, del poema Un Loup de Paul Eluard (Saint-Denis, 1895 – Charenton-le-Pont, 1952)  con música de Francis Poulenc (París, 1899 – París, 1963)

Un loup

Le jour m'étonne et la nuit me fait peur
L'été me hante et l'hiver me poursuit
Un animal sur la neige a posé
Ses pattes sur le sable ou dans la boue
Ses pattes venues de plus loin que mes pas
Sur une piste où la mort
A les empreintes de la vie.
Un lobo

El día me asombra y la noche me asusta
El verano me atormenta y el invierno me persigue
Un animal en la nieve ha posado las patas
Sus patas en la arena o en el barro
Sus patas  que vienen de más lejos que mis pasos
Por un rastro en que la muerte
tiene las huellas de la vida.
Trad. Alicia Criado Peña

Más densa que larga construye Poulenc esta canción con una imagen poética un tanto inquietante. Opúsculo a seis voces que exige al intérprete ser muy sugerente y muy delicado. Antes de que se den cuenta la pieza habrá acabado en un acorde de la menor en un pianísimo exagerado. Todo en un instante, pero qué instante. Se trata de una pieza perteneciente al álbum Figure humaine Op.120 de 1943 sobre poemas de Eluard. Es la lírica venida de la Francia de aquellos poetas como Aragon o Valéry que por este salón pasaron cautivando a aquellos residentes. Eluard era el surrealismo que produjo un efecto potentísimo en los incipientes poetas del veintisiete y, claro, en Dalí, que además acabo casándose con Gala, la mujer de Paul Eluard.
Como Ravel y Milhaud, también Francis Poulenc pasa por este salón dando una conferencia – concierto el 9 de abril de 1930, el mismo año que Pittaluga presenta oficialmente en la Residencia al grupo de los Ocho. No es raro que Poulenc tenga una debilidad por Eluard y que le dedique bastante música, pues se interesó mucho por el surrealismo e, incluso, por las técnicas dadaistas aplicadas a la composición. Este autor escribe mucha música coral a capella, desde canciones de taberna, poemas musicados e, incluso, misas y toda clase de música religiosa, especialmente a partir de finales de los treinta y durante los cuarenta. Recordemos que se produce en él una decidida conversión al catolicismo allá por 1935.

MIENTRAS TU EXISTAS, poema de Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008), música de Roberto Balistreri (Cagliari, 1979). Estreno absoluto.

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

Ángel González ha leído sus poemas, entre ellos éste, en esta misma sala en 1989 y en 2001 en el ciclo Poeta en Residencia. Se expresa siempre con palabras muy sencillas y con imágenes diáfanas, especialmente en estos versos tan bellos que ya han conocido su metamorfosis en canción de la mano de Pedro Guerra, como colaborador cercano que fue de González.
  Roberto Balistreri, pianista italiano afincado en Madrid desde hace tiempo, dedica buena parte de su quehacer musical a la composición y, desde 2006, también a la composición coral.  Como compositor suele buscar el juego con contrastes y captar la musicalidad del poema. Lo que él mismo llama el sonido interno de las palabras. No quiere encasillar el poema en una forma determinada, prefiere que el mismo texto le indique la manera de musicarlo. Es pianista de acompañamiento y ensayo del coro Vox Aurea, que tiene la satisfacción de sumar esta pequeña, pero intensa, obra a la lista de estrenos de hoy.

A un olmo seco, poema de  Antonio Machado (Sevilla, 1875 –  Coillure, 1939) con música de Javier Busto (Fuenterrabía, 1949). Estreno absoluto.

Al olmo viejo, hendido por el rayo
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Javier Busto vuelve a estrenar una obra suya en esta Residencia de Estudiantes de la mano de Vox Aurea. Estas líneas ya clásicas pertenecen al libro Campos de Castilla de 1912. Machado fue una figura reverenciada por aquellos residentes de la primera etapa de esta institución. Sus Poesías completas fueron editadas por la Residencia en 1916 con mucho cuidado y mimo pues detrás estaba Juan Ramón Jiménez que hace encabezar tanta belleza encuadernada con una oración de Rubén Darío de 1905:
Ruego por Antonio a mis dioses
Ellos le salven siempre. Amen.
En este libro de Machado hay una nueva búsqueda de lo objetivo recurriéndose mucho a la descripción del paisaje o a elementos de él como pasa en este poema tan evocador. Ya no es tanto la introspección y simbolismo de Soledades. Es el paisaje de Castilla, que en estas líneas es retratado en un olmo que por edad y abandono ya carece de futuro, pero no de encanto. Busto responde a la sencillez del poema con una música diáfana donde la poesía debe brillar renunciando la música a todo protagonismo y mostrándonos a Machado en toda su esencia con melodías sugerentes y armonías limpias, tal como mandan los dioses de Rubén Darío.

Agua sólo es el mar, poema de  José Bergamín (Madrid, 1895 – Fuenterrabía 1983) con música de Dante Andreo (Prov. de Córdoba - Argentina, 1949). Estreno absoluto.

Agua solo es el mar; agua es el rio,
Agua el torrente, y agua el arroyuelo.
Pero la voz que en ellos habla y canta
No es del agua, es del viento.
Agua es la blanda nieve silenciosa
Y el mundo bloque de cristal de hielo.
Pero no es agua, es luz la voz que calla
Maravillosamente en su silencio.
Agua es la nube oscura y silenciosa,
Errante prisionera de los cielos.
Pero su sombra, andando por la tierra
Y el mar; no es agua, es sueño.
Aparece este poema en la recopilación de la obra de Bergamín que sale a la luz en 1962 con el título “Rimas y sonetos rezagados”. Es una visión extraordinariamente poética del elemento agua la que recoge nuestro Dante Andreo, quedándose con lo más puro de la compleja personalidad tantas veces incomprendida de este madrileño que tanto admiró a Machado y que sus últimas andanzas políticas le acarrearon tan pocas simpatías. Autor antonomásicamente controvertido por su republicanismo a ultranza y catolicismo, rendido admirador de la tauromaquia, crítico acérrimo de la restauración borbónica de la última transición española y, por último, renegado de la patria española. No se suele incluir a este autor en el grupo de autores del 27 cuando hay que decir que allí debe estar por cronología y por la gran calidad de su obra. Tuvo una relación entrañable con Machado y, en sus comienzos, tuvo el apoyo incondicional de Juan Ramón Jiménez, aunque luego lo perdió llegando a ser calificado cruelmente por él como “Príncipe Permanente e Insustituible de la Simia, la Analfabecia y la Titeremundia”.  Es conocida su participación en el homenaje a  Góngora en Sevilla junto a Juan Chabás, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Federico García Lorca y Rafael Alberti en 1927, que supuso la presentación en sociedad de estos poetas. Este acto fue en su día recordado en su setenta aniversario por la Residencia de Estudiantes por lo que es justo que Dante Andreo, autor protagonista del seminario del coro Vox Aurea de 2009 en la propia Residencia, lo recoja para esta pieza llena de gracia en un licuado la menor.

EN EL FONDO DEL HOMBRE. Poema de Miguel Hernández (Orihuela, 1910 – Alicante, 1942), música de Xavier Sarasola (Beasain, 1960). Estreno absoluto.

En el fondo del hombre,
agua removida.

En el agua más clara,
quiero ver la vida. 

En el fondo del hombre,
agua removida.

En el agua más clara,
sombra sin salida.

En el fondo del hombre,
agua removida.

Este conmovedor poema tan desesperanzado pertenece al Cancionero y romancero de ausencias (1941 - 1942) que Miguel Hernández comienza en 1938 con poemas dedicados a su primer hijo Manuel Ramón, muerto con pocos meses de vida, y que da término en la cárcel de Alicante donde morirá poco después. Lo dedica a su mujer que está pasando por grandes penalidades.
En los años treinta conoce y trata a los poetas del veintisiete, algunos muy relacionados con la Residencia, como Lorca, Neruda y Bergamín. Fue por entonces admirado y alabado por Aleixandre y Juan Ramón y protegido por su gran valedor don José María de Cossío.
Xavier Sarasola da profundidad musical a estas breves y lacerantes líneas en apenas cincuenta compases. Este compositor, profesor de violín, armonía y canto coral y ex cantor del Orfeón Donostiarra quiere participar en esta celebración dando a estrenar esta canción en torno a un do mayor un tanto removido, como el fondo del hombre.

CASTILLA TENE CASTILLOS. Poema de Rafael Alberti (El Puerto de Santa María, 1902 – Id., 1999), música de Josu Elberdin (Pasaia, 1976). Estreno absoluto.

Castilla tiene castillos,
pero no tiene una mar.
Pero sí una estepa grande,
mi amor, donde guerrear.

Mi pueblo tiene castillos,
pero además una mar,
un mar de añil y grande,
mi amor, donde guerrear.

Tras su primer libro, Marinero en tierra (1925), Alberti publica La amante (1926). En él, Alberti, narra poéticamente las impresiones de un viaje en automóvil por las carreteras de Castilla la Vieja acompañando a su hermano, viajante de una empresa de vinos. El trayecto de Burgos a Villarcayo le sugiere este poema donde contrasta el paisaje de estepas con el mar, tema recurrente en los libros de esta etapa neopopularista. Alberti no fue residente, pero pasó épocas en las que venía por aquí prácticamente a diario por su amistad con Lorca, Celaya y tantos otros.
Elberdín, hombre de paisaje marítimo, pedagogo musical, director de coros y organista, cuya música ya sonó aquí hace dos años, escoge esta pieza para ponerla en música y estrenarla aquí dedicada a Javier Corcuera y al coro Vox Aurea. Comienza la pieza añadiendo la frase ¡Castilla! ¡La mar! ¡No! Indicando Solemne e grandiosso en un dramático acorde de re menor como para subrayar la lejanía de ambos ámbitos geográficos y termina la pieza en un Sol mayor algo más risueño para evocar la nostalgia del mar.

Anoche cuando dormía, Poema de Antonio Machado (Sevilla, 1875 –  Coillure, 1939) con música de Josu Elberdin (Pasaia, 1976). Estreno absoluto.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

Y las doradas abejas
Iban fabricando en él
Con las amarguras viejas
Blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

El joven compositor vasco Josu Elberdin nos ha escrito dos obras para estrenarlas en el concierto de hoy: Alberti y Machado, dos generaciones, dos estéticas poéticas y dos momentos para inundar de música esta sala con estos versos que ya llevan tantas décadas adheridos a los muros sabios de esta casa.
Para finalizar el concierto, escuchamos al Machado más introspectivo y simbolista de Soledades (1903) que tuvimos la ocasión de visitar el año pasado de la mano de Dante Andreo con el poema Otoño y ahora con este Anoche cuando dormía. Estos octosílabos tan conocidos irán progresando musicalmente en esta pieza de Elberdin de forma que verán ustedes cómo finalmente se dará paso a la palabra recitada arropada de unas voces que subirán de improviso medio tono pasando de fa a fa sostenido mayor para darle un aire de mayor exaltación a la repetición final del estribillo. Recurso muy apropiado porque el poema está formado por siete cuartetas en gradación ascendente con visiones oníricas bellas y amables que transmiten una serena, pero intensa, alegría interior.

Thyrsus me fecit

jueves, 22 de diciembre de 2011

15º Seminario Vox Aurea 2009 con Dante Andreo




En el Seminario anual que organiza el coro Vox Aurea en la Residencia de Estudiantes de Madrid hubo, como es habitual un concierto final en la que, una vez más, tuve la oportunidad de escribir las notas del programa de mano. Las notas eran estas:


Dante Andreo con Javier Corcuera. 



En este seminario pudimos profundizar en la música coral argentina y sudamericana en general. Fueron las notas que más me gustó hacer. La música argentina es maravillosa. El interés que suscita la música popular en los compositores del país es extraordinaria y los arreglos para coro son deslumbrantes. En España se conoce poco esta música y es un raro privilegio el poder dedicar todo un taller a un amplio repertorio de la música coral argentina. Andreo nos trajo mucha obra propia y, de esta forma, ved que programa tan atractivo: 

PROGRAMA:
  • Cantos de la tierra. D. Andreo.
  • Otoño. D. Andreo
  • Tres cantos andinos. Trad. arreglos de D. Andreo.
  • El árbol del olvido. Alberto Ginastera
  • Cantos del agua. D. Andreo.
  • Hoy las nubes me trajeron. D. Andreo
  • La novia. Carlos Guastavino.
  • Cortadme una rosa blanca. D. Andreo
  • Doña Ubensa. Huayno popular argentino. Arreglos Liliana Cangiano
  • P'al Cachilo dormido. Chacarera popular argentino. Arreglos Marcelo Valva.
  • Mosaico iberoamericano: Tango, Bossa nova y son. Arreglos D. Andreo.
  • El viaje definitivo. ESTRENO. D. Andreo.
NOTAS AL PROGRAMA:
¿Qué tiene la música que no tengan otras artes? Varias cosas, pero algunas especialmente llamativas. Primero, Ocupa el espacio sin dejar resquicio. Segundo, trae lugares y tiempos al aquí y ahora simplemente haciendo que todo vibre.
          Hoy este salón de la Residencia de Estudiantes se llenará de Argentina. El coro hará vibrar muebles, objetos y  personas de forma que argentinizará todo lo que esté a su alcance.
Esto sucederá porque Dante Andreo es hoy nuestro maestro. Es argentino, de Córdoba. Sin embargo, reside en España desde 1981, y es así como se convierte en artista privilegiado por conseguir que la distancia entre ambos mundos desaparezca. Gracias a la música, a la poesía y a su elemento común, la voz.
Dante Andreo nos ofrece hoy su obra y la de otros autores paisanos suyos. De esta forma, nos hace patente cómo los músicos argentinos aman, entre otras, dos cosas: su folklore y la poesía.
Pero no se trata sólo de esto, de conocer la música argentina. Hoy la velada ofrece más. Ofrece poesía española de autores que han amado apasionadamente el país del Plata. Un argentino nos ofrece su visión del arte español a través de la lengua común. Porque Dante Andreo es un caso especial por su dedicación al mundo coral y por su estrecha vinculación a España.

El concierto comienza con “Cantos de la tierra”. Obra premiada con el I Premio de Composición Villa de Rota (Cádiz) en 1988. Andreo pone en relación a Federico García Lorca (1898 - 1936) con los cuatro elementos básicos de la materia componiendo una serie de cantos con poemas de este autor. Elige para el elemento “tierra” un poema del “Romancero gitano”, “Muerte de Antoñito el Camborio” y dos más del “Poema del cante jondo”, “Evocación”, que queda aquí rebautizado como “Tierra seca” y el llamado “Sorpresa”.
Versos sombríos que nos evocan la aridez de la tierra y sus profundidades, además de la muerte, que devuelve lo vivo a la oscuridad primigenia. En “Muerte de Antoñito el Camborio” y en “Sorpresa” se nos habla de un mismo suceso y un mismo personaje. Un gitano tratante de caballos de un pueblo cercano a Fuentevaqueros. Este personaje real apareció efectivamente muerto una mañana, tirado en el suelo, con su propio cuchillo clavado. Lorca da a su muerte un tinte heroico en el primer poema, acentuando la atmósfera premonitoria del que va a morir de un navajazo agudo, como la rima de este poema, y como si fuera una especie de alter ego masculino de Carmen. En realidad, el atestado oficial informaría de una caída fatal del caballo a causa del estado de embriaguez del jinete que, en el golpe, se clava accidentalmente el cuchillo que lleva al cinto.
Lo terrible de esta muerte estúpida está muy bien expresado en “Sorpresa” pues de forma realista, devuelve a la muerte su cara más descarnada, la de la soledad espantosa del cadáver anónimo. La música se vuelve expresionista, recurriendo incluso al grito. Al fin y al cabo, este es el tema, la tierra que cubre la muerte.

“Otoño”. Nuestro autor musica ahora un poema de juventud de Antonio Machado (1875 -1939). Versos que aparecen publicados por primera vez en la revista Helios en noviembre de 1903 con el poético nombre de “Tristezas”.
Son versos de la época en que Machado vivía en París. Tiempo en el que conoció personalmente a Pío Baroja, Rubén Darío y a Oscar Wilde. La influencia de Verlaine en aquella época es palpable y, de forma especial, en este poema tan otoñalmente melancólico donde el poeta habla con el viento y con su alma.
La música acompaña la melancolía del poema moviéndose  en dinámicas suaves, sin estridencias. Nos mece mientras se desarrolla un diálogo imposible. En todo caso, ya vamos viendo algo. Si dimos con un Andreo lorquiano, ahora se vuelve machadiano. Tanto, que la música, al desvanecerse en el pianissimo final nos hace felizmente conscientes de que hemos entendido el poema que, por si quieren releerlo, se encuentra en el libro “Soledades. Galerías. Otros poemas” de 1907.

“Si mi voz muriera en tierra”. Andreo recala en la obra de un poeta muy querido por músicos argentinos. Rafael Alberti Merello (1902 – 1999) es una amalgama de poesía y pintura teñida de música. Especialmente, de ese piano en el que su madre tocaba a Schubert para entusiasmo de su jovencísimo hijo. Por eso, su poesía es, al mismo tiempo, visual y musical. Sus poemas han pasado por las manos de importantes compositores argentinos y españoles con los que tuvo relación y amistad. Tendríamos, ni más ni menos, a Guastavino, Falla, Esplá, Ernesto y Rodolfo Halffter y, más tarde, García Abril.
Es una empresa ambiciosa unirse a este grupo de músicos la que emprende Andreo al poner en pentagrama este poema del primer libro de Alberti, “Marinero en tierra”. Lo hace con la escritura limpia y elegante que piden estos versos y que podremos apreciar a lo largo del concierto. Son versos de la nostalgia ingenua del mar, escritos por un joven enfermo curando sus pulmones en el aire puro de San Rafael. Recuerdos dolientes del paraíso perdido de la infancia a la orilla del mar desde uno de los puntos más alejados de cualquier playa en la península ibérica.

“El árbol del olvido”. Milonga del bonaerense Alberto Ginastera (1916 - 1983) sobre un poema de Fernán Silva Valdés (1887 – 1975), poeta uruguayo adalid del movimiento poético llamado nativismo, que nace como reivindicación de lo autóctono frente a las vanguardias entonces en boga. Siempre fascinado tanto por el folklore del gauchaje como por el mundo del arrabal, pone letra a milongas como ésta y a numerosos tangos, algunos de ellos cantados por Carlos Gardel y alguno con música de Juan de Dios Filiberto, que luego aparecerá en este recital de hoy. La milonga es un tipo de canción y baile de arrabal que triunfa en la segunda mitad del siglo XIX, pero que desaparece prácticamente para dejar paso al tango cincuenta años más tarde.
Esta canción escrita en 1938, año en que Ginastera acaba sus estudios en el Conservatorio Williams, pertenece, naturalmente,  a su primera época. Ginastera denomina a este periodo “nacionalismo objetivo” por su anclaje con el resto de la corriente predominante en Argentina por entonces y que funda el compositor que da nombre al Conservatorio citado. Las influencias más importantes confesadas por él son las de otros grandes estudiosos del folklore como Falla y Bartok. Pero Ginastera no evoluciona como Guastavino y los demás. Su mala relación con el peronismo le obliga a dirigirse a Estados Unidos donde tiene la oportunidad de estudiar con Aaron Copland, lo que le abre horizontes insospechados. En su última época (Neoexpresionismo), se interesa por el dodecafonismo y la música aleatoria y microtonal. Está enterrado en Ginebra, a pocos metros de la tumba de Borges

“Tres cantos andinos: Vidala, Chaya y Huayno”. Con frecuencia se oye decir que Buenos Aires y el Plata es una cosa y el resto de Argentina otra. Puede ser. Se ha dicho que la cultura y el folklore del interior no han sido apreciados por el litoral. Los argentinos sabrán matizar estas afirmaciones mejor que nosotros. Pero lo cierto es que el material que el folklore del interior proporciona a los músicos es un tesoro. Por eso, Andreo acude a esa joyería musical y nos regala estas piezas tan bellas y evocadoras de un aroma indígena inequívoco.
La Vidala es, probablemente, el tipo de canción más noble, poética y hermosa del norte de Argentina. Se oye en varias provincias, pero los de Tucumán y, sobretodo, los de Santiago del Estero la consideran propia. Es muy antigua y está emparentada con otros cantos indígenas como la Baguala.
La Chaya es un tipo de vidala mucho más animada, de ritmo marcado y que se canta especialmente en los carnavales. Algún estudioso del folklore nos informa de que se relaciona con un monigote estrafalario que aparece en los pueblos de La Rioja argentina en el carnaval. Los niños gritan “chayac” con lo que quieren dar a entender que llega a la fiesta el muñeco.
El Huayno es un vestigio inca en la música popular. Su origen está en Perú, Bolivia y el norte de Argentina. En una experiencia sinestésica oiríamos un huayno al mirar los paisajes andinos. Está unido al charango y usa una escala pentatónica y un ritmo sincopado.

“Cantos del agua”. De nuevo Andreo acude a García Lorca, autor que es idolatrado en Argentina. Todo el mundo quiere saber hoy dónde se sentaba en el antiguo café Tortoni, donde tuvo tertulia con Borges y Bioy Casares. Lorca quedó fascinado por Buenos Aires. Son palabras suyas:
“Buenos Aires es una ciudad maravillosa; es como me gustaría que fuera España: cosmopolita, llena de amigos, desprejuiciada, tumultuosa, desbordante de vida y de cultura.”
Y eso que llega en 1933, momento muy convulso por la presidencia tan agitada del General Agustín Pedro Justo. Pero los seis meses que pasa en Argentina lo convierten en un héroe popular y sus obras se estrenan sin cesar en el teatro Avenida de Buenos Aires.
Y, de nuevo también, los cuatro elementos, por lo que siguiendo a Galeno e Hipócrates deberíamos estar ante un Lorca flemático. El agua, como elemento, se relaciona con lo frío y lo húmedo. Sea esto una invitación para observar si es lo que musicalmente se transmite en estos cantos.
De Lorca se escogen tres poemas. Uno, “Agua ¿Dónde vas?” dedicada a Alberti, pertenece al libro “Canciones” publicado en 1927 y que supone el reconocimiento definitivo de Lorca como gran poeta. Ese mismo año expone su obra pictórica en Barcelona. Por eso, vemos cómo este poema une los nombres de dos poetas con vocación de pintor.
Luego, del mismo libro, sigue el inquietante poema “Cortaron tres árboles” dedicado a Ernesto Halffter, con quien mantenía relación, al igual que Alberti.
A continuación, del “Poema del cante jondo”, libro escrito casi a la vez que el ya citado,  Andreo pone música a “Balada de los tres ríos”, estampa andaluza donde compara dos andalucías muy distintas, la de Sevilla y la de Granada.

“Hoy las nubes me trajeron”. En una entrevista de Alberti con una estudiante polaca en marzo de 1989 leemos:
Aleksandra Hadzelek: ¿Y llegó a sentirse en Argentina como en su lugar, como en su casa?
Alberti: Pues claro que sí, pues claro que sí, físicamente yo no me quería ir, me fui forzosamente, yo me sentía argentino, yo estaba con los escritores argentinos considerado un escritor argentino, tengo el premio de la Sociedad de Escritores por mi libro ‘Baladas y Canciones del Paraná’…
A este libro de 1958 citado por su autor, pertenece este poema de su etapa argentina. Es la canción nº 8. De nuevo el tema de la nostalgia. Esta vez de la patria lejana y perdida en una guerra terrible que le empuja al exilio. Alberti se transforma al contacto con la atmósfera argentina. Siente nostalgia, pero acaba sintiéndose como en su casa, casi como en su casa gaditana, al fin y al cabo vive en Argentina durante 24 años.
Andreo escoge sabiamente estos versos y los trae hoy de forma muy oportuna. Es el Alberti argentino que se acuerda de España.

“Cortadme una rosa blanca”. Por la profunda relación de Andreo con las islas Canarias, donde tiene su residencia española, aparece este poeta poco conocido en la península, pero que tiene una obra considerable y está considerado como perteneciente a la generación del 27. Pedro García Cabrera (1905 – 1981), gomero de nacimiento, pero más unido a Tenerife, publica sus primeros poemas en 1925 y durante la segunda república fue director de El Socialista en Canarias. Participó activamente en la contienda civil y fue finalmente hecho prisionero y encarcelado hasta 1946. Durante esos años se dedicó intensamente a la poesía. Como poeta siempre estuvo interesado en los temas locales, en la construcción de una literatura auténticamente canaria. De todas maneras, García Lorca es quien influye de forma más decisiva en su obra, y esto es visible en el poema que hoy nos ocupa.

“La novia”. En su larga estancia en Argentina, Alberti tuvo contacto con diversos músicos, pero, de entre todos, tuvo especial relación con Carlos Guastavino (1912 – 2000). Este importante músico se convierte por sus méritos en una de las figuras sobresalientes del nacionalismo – folklorismo musical argentino del siglo veinte. En la onda de Alberto Williams y Julián Aguirre, estudia la música tradicional para volcar en ella su arte. El aura romántica de sus composiciones ha conquistado al gran público seducido por el afán de Guastavino de ser entendido y apreciado. Alejado de las vanguardias, al igual que Andreo, gusta de trabajar con temas del folklore y de la poesía. Pone música a sus poetas favoritos como Borges, Neruda, Yupanki y, claro está, Alberti. Su “Se equivocó la paloma” que tanto renombre le ha dado, ya la cantaba Vox Aurea en 2003.
 “La novia” es un poema incluido en el libro “El alba del alhelí” de 1925 - 1926, que generalmente se considera como punto de transición en la obra del poeta, que vive entonces momentos difíciles. Es un libro por el que desfilan personajes arquetípicos del mundo andaluz que conoce y añora. En esta poesía vemos a la novia, que pronto intuimos que no se casa por amor sino que se casa, o la casan, por interés, abandonando a su verdadero amor. Como en 1723 hace Marin Marais en la “Sonnerie de Sainte Geneviève du Mont” la música sigue el repicar repetitivo de las campanas. En la música de Guastavino se reparten onomatopeyas por las voces, oímos las campanas que  anuncian la inminencia de una boda, y sentimos la angustia de la novia por estar todavía sin arreglar y, ¡Ay!, por la ausencia de su amante.

“P’al Cachilo dormido”. Del laureado compositor argentino, convertido ahora en arreglista, Marcelo Valva (1958) se presenta ahora esta armonización para coro de esta chacarera trunca con música de Pablo del Cerro (1908 – 1990) y letra de Atahualpa Yupanki (1908 – 1992).
Si un disfraz al uso es eficaz, mucho más lo es si se compone de simples palabras. Antoinette Pauline Pepin, feliz habitante del Cerro Colorado, firma, masculinizando su nombre, la música con que viste las más bellas poesías de su marido Hector Roberto Chavero, conocido como Yupanki. Esta concertista de piano francesa abandona su carrera para colaborar musicalmente con su marido el resto de su vida. El amor al folklore argentino y a la poesía arrebatadora de Atahualpa se apoderan del alma musical de Nenette (En realidad, era así como la llamaban) convirtiéndola en uno de los referentes musicales del siglo XX argentino, aunque ella nunca quiso dejar de ser francesa.
Este emocionado poema recuerda a un querido amigo músico de Yupanki, el guitarrista de Santiago del Estero Julián “Cachilo” Díaz que formaba dúo con su hermano, el Soco Díaz al bandoneón. Yupanki llora la desaparición del amigo de juventud y junto a su mujer Antoinette Pauline escribe esta chacarera que es la música con más tradición en el Estero.
Las chacareras son bailes campesinos. La palabra viene del quechua “chacra” que significa granja. Se canta y baila en el norte de Argentina y en Bolivia. Se canta en quechua, español o combinando ambos.

“Doña Ubensa”. Es de nuevo un huayno andino que se nombra, a veces, como un kaluyo. Por lo que debe tener un remoto origen en la cultura kaluyo, originaria del Puno. Es una pieza  muy conocida que compuso Chacho Echenique (1939), compositor e intérprete de Salta, conocido por fundar junto a Patricio Jiménez el famoso Dúo Salteño ya en los años sesenta. Es un auténtico autor popular que no sabe música, pero que ha vivido desde siempre inmerso en estas melodías y ritmos de su tierra, que conoce como pocos. La canción nos habla de una mujer indígena de San Antonio de los Cobres que Chacho Echenique conoció en su infancia. Liliana Cangiano (1950 -1997) la armoniza para coro, de nuevo con el típico ritmo de estos bailes y con la imitación de percusión a cargo de las voces. Esta llorada autora de Buenos Aires era una experta en arreglos corales de música popular argentina y sudamericana.

“Mosaico iberoamericano”. Tres piezas conocidísimas forman este “mosaico” musical que nos trae Dante Andreo de América. Primero, el tango “Caminito” ¿Por qué este tango de 1926? Quizá porque, de nuevo es una poesía puesta en música. Se unen el poeta Gabino Coria Peñaloza (1881 – 1975) y el compositor de tangos Juan de Dios Filiberto (1885 – 1964) para fundir palabras y sonidos  en este tango o canción porteña, como gustaba decir Filiberto.
Sucedió que, durante una estancia en Olta, pueblecito del interior, el joven Coria  se enamora de una tal María y debe recorrer un sendero todos los días para ir a verla. Después, los amantes deben separarse y cuando un año más tarde Coria vuelve a Olta, su enamorada ya no vive allí y la nostalgia del amor perdido le hace escribir un poema en aquel remoto 1903. Veinte años más tarde, Filiberto tenía ya escrita la música que conocemos. Pasan tres años y Filiberto y Coria, juntos charlando en una confitería de Buenos Aires, deciden ensamblar letra y música para presentar el tango a un concurso en el que, como premio, se llevaron los silbidos poco amables del respetable.
Continúa el mosaico con “Berimbao” con música del compositor y guitarrista  Baden Powell (1937 – 2000) y letra del poeta y músico Vinícius de Moraes (1913 – 1980). Estos dos gigantes de la música brasileña, ambos de Rio de Janeiro, se unieron a principios de los años sesenta para componer una serie de “afrosambas”, pues ambos compartían un interés enorme por la música de los descendientes de esclavos africanos llamada “candomblé”, y que es propia de la región de Bahía. El título hace referencia a un instrumento de origen angoleño y que consiste en un gran arco de palo con una cuerda muy tensa y una calabaza que hace de caja de resonancia. Se usa para la danza llamada capoeira.
 Y terminamos con “El cascabel”, del veracruzano Lorenzo Barcelata (1889 – 1943). Son razones, sobretodo, extramusicales las que han lanzado esta canción o son jarocho  al estrellato. Carl Sagan selecciona este son junto a un número reducido de músicas tradicionales, clásicas y pop para grabar un microsurco de oro y colocarlo en la nave Voyager junto a otros objetos terráqueos para conocimiento y solaz de seres inteligentes más allá de nuestro sistema solar.
Barcelata consiguió fama internacional con su canción “María Elena”, vals que conquisto Nueva York en 1940, y con su música para cine. Este cascabel musical nos remite de nuevo a las músicas indígenas y de los antiguos esclavos. En el son de Veracruz se percibe siempre la influencia afrocubana que tanto ha impregnado el Caribe.

“El viaje definitivo”. Dante Andreo ha escrito esta pieza especialmente para este seminario y este concierto. Se trata, por tanto, de un estreno absoluto que el coro Vox Aurea agradece de corazón. Elige un poema muy conocido de Juan Ramón Jiménez (1881 – 1958) perteneciente a sus “Poemas agrestes” de 1910 – 1911. Es un magnífico remate para este concierto por la significación que Juan Ramón tiene en la relación entre Argentina y España.
“El milagro de mi español lo obró la República Argentina… cuando llegamos al puerto de Buenos Aires y oí gritar mi nombre ¡Juan Ramón, Juan Ramón! a un grupo de muchachas y muchachos, me sentí español, renacido, revivido, salido de la tierra del desterrado”. “La corriente infinita”. Aguilar. Méjico. 1961
En este poema está todo lo que hemos visto y oído en esta velada. Está el poeta pintor, como Lorca y Alberti. Está otra vez el huerto de Machado, la muerte que impresionaba a Lorca, las campanas que oía la novia, la nostalgia de Alberti y de todos ellos. Y queda, de alguna forma, la presencia de Juan Ramón, pues pasó años en esta Residencia de Estudiantes de Madrid que hoy nos acoge y que él rebautiza poéticamente como “Colina de los chopos”. Entre estos muros conoció a Lorca, quien tuvo la oportunidad de mostrarle aquí, junto a Gerardo Diego, Aleixandre y a lo más granado de la generación del 27 su “Romance sonámbulo”. Andreo los ha reunido otra vez aquí, para nosotros. 


Thyrsus me fecit